haciendo lazos
  CAPITULO III CASO MARCELA
 

  CAPITULO III    “¿CÓMO SE SIGUE?”

 

   Los indicios muchas veces se ven a posteriori, aunque sean indicios, que indican, señalan, pero no sabemos qué nos están señalando…

 

  Marcela no vio que en pequeños detalles a dos años de la relación, las cosas se enfriaban, situaciones sutiles, como achicar los horarios de encuentro, o demoras para verse, pero nada demasiado relevante como para armar conjeturas.

 

 Nunca peleas, ni discusiones, ni entredichos, había una frase rectora para Pablo “dos no pelean si uno no quiere” y todo lo que provenía de Pablo terminaba siendo palabra santa, además era cierto, no hay que pelear, pero hay momentos en que buenas discusiones, de las provechosas, sacuden y permiten revisar situaciones.

Es decir, que hay peleas que son productivas, peleas en el buen sentido!

 

     Dentro de los ideales, “tontos ideales”, figuraba el de la castidad, esperarse el uno al otro hasta ser marido y mujer, esa no era una frase rectora de Pablo, era la resultante de la educación de Marcela, colegio religioso, y como dice Zas “una estampita por las dudas que el novio se pase de vivo”.

 

Qué ironía en los tiempos que corren, pensará más tarde Marcela! Si tal vez esa idea de reservarse para su esposo, fuera la causal de que otras mujeres aprovecharan las circunstancias?.

 

Mientras ella se reservaba, para cumplir con los mandatos católicos, otras no perdían el tiempo, y conquistaban con  el sexo.

 

  Nunca se va a saber si el huevo o la gallina, pero aquello que se concordó de muy común acuerdo y por respeto a los tiempos y creencias de Marcela, terminó quizás molestando y en demasía, y los hombres (mujeres también), sucumben a los pactos y pasan a la acción, y ahí Marcela piensa que se dejó estar??  o dejó ir??, o se le fueron??

 

 

  Ella tenía el sentimiento inescrutable y la necesidad de vivir eternamente al lado de ese hombre que la había enamorado y enseñado que la vida era hermosa con quien se ama y que el amor fuese más intenso día a día, lo sentía!.

 

Toda su sangre le decía eso, era una certeza absoluta y no cabía en su mente cómo a Pablo no le pasara igual y cuando se iba enfriando, nada fuese manifiesto en él, ella no tenía nada que plantearle porque lo amaba como siempre y cada vez más.

 

  Era la convencida número uno de que las cosas se hablan y se defienden, y si se ponían en palabras, se podían solucionar, pero para Pablo generalmente no había puntos a revisar, lo que era, era y punto.

 

 

  Pero Pablo? qué le sucedió?, cómo? cuando? Un día entró en el silencio, algo quería decirle y no lo hacía, y Marcela tan aterrada, ni se animaba a preguntarle.

 El mero hecho de pensar en perderlo era impensable, muchas veces sí había pensado en que un ser querido podía morirse, un accidente sí, pero la decisión personal de irse de la vida de uno, jamás!

 

Jamás…y ahí se cae en la dura realidad que no todos pensamos igual, ni defendemos del mismo modo las cosas, ni somos tan “almas gemelas” como creemos.

 

     Pasaban los días, que parecían meses, siglos, a la espera de alguna respuesta, pero sin querer ni animarse a preguntarle, y a la vez terminar  con esa incertidumbre acechante y mortal.

 

No se sabía qué desgarraba más, si el no definir o que cayera  de una buena vez la espada de Damocles sobre su cabeza y listo, si al fin y al cabo, morirse en un segundo no es tan terrible como la espera y la condena a muerte.

 

  Pero tampoco fue así, otra vez sin mediar palabras, se dio a entender que Pablo  se despedía de ella y el acto de la muerte no fue en un segundo, sino eterno, interminable, desgarrador.

 

  Del mismo modo que Pablo iluminó repentinamente su vida, desde el primer instante en que la vio, ahora dejaba el peso de toda una sombra, sin nada que tuviera sentido, Marcela quedaba envuelta en una penumbra y el duelo se prolongaría mucho tiempo, más de lo habitual, quedaba desinvertida de un todo, porque Pablo era su “todo”.

 

  Muchos dicen que es preferible no haber conocido el amor, que conocerlo y perderlo, Marcela adhirió a esta frase y renegó bastante de su tonta inocencia, para ella las cosas eran transparentes en los sentimientos, no entendía cómo no se pudo defender la relación, charlar, discutir si era necesario.

 

 El dolor más grande era para ella,  la ausencia de palabras, no hubo reproches, ni peleas, ni nada, la nada misma, nada para asirse, un pozo inmenso, oscuro, no entender por qué no había aunque sea una reflexión, un momento de encuentro.

 

  Y lo quiso generar, comprobó que esa “luz de sus ojos” ya no estaba, esos inmensos ojos azules, ya no desprendían el destello ni la dulzura que los caracterizaba, la mirada estaba vacía, como el pozo…y dentro de ese vacío ya no había nada más para indagar ni teorías para descorchar, preguntas siempre hay miles, respuestas, en este caso ni una.

 

 

Más bien quedó la duda y/o comprobación que la otra relación no comenzó al terminar ésta, sino antes, alguna superposición y hasta algunos comentarios del entorno allegado de Pablo que daban a entender o afirmaban directamente, que algo así pasaba.

 

   La vida tiene sus ironías y con el tiempo, Marcela supo de la presencia de otra mujer, que ella había conocido, las típicas amigas con las que “no pasa nada”, y amigas que fueron presentadas y hasta compartieron cumpleaños y salidas, sí, sí…

 

 Aquellas que se nombran y se habla de anécdotas, porque son amigas, pero luego pasan a conquistar otros espacios y hasta en el caso de Pablo a conformar con él la propia “Familia Ingalls” o no tan Ingalls, vaya uno a saber….

 

   Pero el tiempo da sus chances, dándole tiempo al tiempo, y vueltas a las historias personales, el tiempo y las terapias permiten elaboraciones, nadie puede cambiar los hechos desagradables, pero sí encontrar otras significaciones a lo acontecido, este fue un duelo largo, pero del cual Marcela pudo sobreponerse…

 

  Por supuesto que todas las situaciones fuertes dejan marcas indelebles, pero eso es inherente a cualquier ser humano y “todo lo que no te mata, te hace más fuerte”…o al menos, permite contar con otros recursos y recaudos, gracias al paso de la experiencia y ciertos análisis de las vivencias.

 
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